jueves, 25 de noviembre de 2010

Reseña a "Las brujas y su mundo" de Julio Caro Baroja

Quien tenga algún interés por la Historia, la etnología, las tradiciones y el folclore de nuestro país desde la Edad Media, sin duda habrá oído hablar de él o habrá leído alguna obra de Julio Caro Baroja, historiador y antropólogo.

Su libro Las brujas y su mundo, en Alianza Editorial, es un excelente repaso sobre la historia de la brujería en Europa y, especialmente, en España.

La obra tiene un indudable valor documental, pues da cuenta de los principales autores que desde la Edad Media se ocuparon del tema de la brujería, siempre desde un punto de vista religioso o jurídico. En este sentido, Caro Baroja repasa también los juicios a supuestas brujas y brujos en los que, tanto en España como en otros países europeos, se condenó a centenares de personas e penas de muerte.

Pero el auténtico acierto de Baroja está en presentar los hechos desnudos, tal cual son, sin tratar de añadirle dramatismo. De este modo muestra cómo la Inquisición española no fue, contrariamente a lo que se piensa, la institución que persiguió de forma más cruenta a brujos y hechiceros y que, incluso dentro de las filas de los "cazadores de brujas" hubo hombres razonables que, conforme avanzaron los siglos, contribuyeron a frenar la persecución.

Interesante es también la diferenciación que hace Baroja entre la brujería o hechicería, como conococimiento de medios de sanación naturales y de prácticas esotéricas "tradicionales" (o supersticiones), frente a la demoniolatría, como el trato con el demonio enemigo de la cristiandad.

No obstante, y sin poner en duda el rigor profesional del autor (más que de sobra conocido), me permitiré decir que el libro adolece de un exceso de estepticismo, el propio a cualquier hombre de ciencia. A la hora de abordar el tema de la brujería en la actualidad (entendamos, en el último medio siglo) Baroja queda muy lejos de la comprensión de este fenómeno. Pese a mostrar su conocimiento de autores como Margarett Murray (a la cual cuestiona, y con sin razón) o Gardner (al que apenas dedica una línea, aunque posiblemente no merezca mucho más), Baroja parece no haber tenido un trato directo con los actuales practicantes de la brujería, practicantes serios y que dotan de una base teórica, ética y filosófica a sus creencias.

En este aspecto, el planteamiento de Baroja respecto a los actuales brujos los (nos) convierte en supersticiosos, seres "frustrados" por culpa de la sociedad, que buscan en la magia un refugio. Pero estas suposiciones del autor se dan sin conocer verdaderamente a los practicantes de este culto, sin haberse esforzado por contactar con ellos y por conocer de primera mano cuál es su idea de la magia o la brujería, qué principios sustentan sus prácticas y por qué se han visto atraídos hacia ellas.

Evidentemente, tal como afirma Bajora, hacer descender la wicca o cualquier otra forma de brujería moderna directamente de los cultos mágico-religiosos prehistóricos es un absurdo. Sin embargo, el neopaganismo en general y cada rama de la brujería moderna en particular no merecen ser menospreciados como religiones simplemente por su corto desarrollo histórico.

La documentación es importantísima y en eso no se le puede reprochar nada a Baroja, pero cuando se abordan temas antropológicos que conciernen al presente, el trabajo de campo es un factor fundamental sin el cual toda obra queda incompleta y presenta un punto de vista sesgado.

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